Diseña tu espacio y despierta emociones cada día
En Pedro Pérez Estudio convertimos tu historia, estilo y necesidades en interiores minimalistas llenos de emoción y armonía.

Descubrimos la esencia de cada cliente y la traducimos en espacios que comunican sensaciones. Nuestro servicio integral abarca desde el concepto hasta la entrega final, cuidando cada detalle.

Una vivienda clásica llevada hacia una tensión más contemporánea.
Hay proyectos que piden continuidad y otros que piden fricción. Este pertenece a los segundos.
La vivienda ya contenía una base arquitectónica muy poderosa: proporciones generosas, luz natural, carpinterías altas, molduras ornamentales y chimeneas con una presencia casi escenográfica.
La intervención busca precisamente no competir con esa base desde lo decorativo, sino activar una conversación entre lo clásico y lo contemporáneo. Entre la contención del blanco y la densidad del negro. Entre la serenidad del espacio y la aparición de piezas con un carácter casi objetual.
El resultado es una casa que no cae en la nostalgia ni en la neutralidad. Una casa luminosa, gráfica y precisa, donde cada gesto aparece para alterar el equilibrio justo lo necesario.
Lejos de ocultar esa base, el proyecto la utiliza como marco sereno sobre el que introducir una capa más contemporánea.
La intervención se apoya en la fuerza original de la vivienda: alturas generosas, molduras continuas, balcones, suelos pintados en blanco y chimeneas de mármol que ordenan visualmente las estancias.
Lejos de ocultar esa base, el proyecto la utiliza como marco sereno sobre el que introducir una capa más contemporánea.
Negros muy presentes, reflejos, piezas brillantes, tapicerías con volumen y luminarias de gran carga visual aparecen sobre una envolvente clara y casi silenciosa.
El contraste aquí no busca dramatizar por exceso, sino construir jerarquía, profundidad y tensión.
Lejos de ocultar esa base, el proyecto la utiliza como marco sereno sobre el que introducir una capa más contemporánea.
Buena parte del proyecto se apoya en objetos que funcionan casi como acentos espaciales: una iluminación de fuerte personalidad, mobiliario de presencia rotunda, un espejo facetado sobre chimenea, lámparas colgantes de escala vertical y piezas con un punto irónico o inesperado.
No están colocadas para llenar. Están colocadas para cambiar la lectura del espacio.
La vivienda alterna momentos de gran luminosidad con escenas más íntimas y oscuras. En las zonas principales, la luz natural multiplica la claridad de la envolvente y acentúa la nitidez del conjunto. En la zona de dormitorio, la atmósfera se vuelve deliberadamente más densa, casi envolvente, con un tratamiento oscuro que introduce profundidad y un cambio claro de registro.
Una vivienda abierta al paisaje, organizada desde la luz, la amplitud y algunos acentos de carácter.
Este proyecto trabaja sobre una condición espacial muy valiosa: una gran continuidad visual hacia el exterior. La intervención aprovecha esa apertura y la convierte en la base de la experiencia doméstica, articulando salón, comedor y cocina como una única secuencia fluida, luminosa y muy habitable.
La casa no se construye desde la neutralidad, sino desde un equilibrio entre claridad espacial y decisión formal.
Sobre una arquitectura muy clara aparecen elementos con más presencia visual: el volumen revestido con tela de inspiración oriental, las luminarias suspendidas de estructura geométrica, algunos contrastes de pavimento y ciertos baños con un lenguaje más decidido.
Estos gestos introducen identidad sin saturar el espacio.
Grandes huecos, vistas largas y una conexión directa con la vegetación y la piscina convierten el paisaje en parte activa de la vivienda.
La luz natural no solo ilumina; también organiza la atmósfera general del proyecto.
Salón, comedor y cocina comparten una misma continuidad visual. La intervención respeta esa condición abierta y la utiliza como principal valor del proyecto.
Más que compartimentar, ordena. Más que separar, jerarquiza.
Aunque las estancias tienen registros distintos —zona de día abierta, baño principal más sereno, aseo más brillante y gráfico— la vivienda mantiene coherencia.
No hay una repetición literal de recursos, pero sí una misma voluntad de precisión, claridad y contraste controlado.


Una vivienda construida desde la calma, la precisión y la materia.
Este proyecto se organiza a partir de una idea muy clara: reducir el ruido visual, unificar la experiencia del espacio y dejar que la arquitectura interior se exprese a través de la textura, la luz y la proporción.
La intervención trabaja con una paleta contenida, superficies continuas, madera natural, piedra de gran presencia y una selección de piezas que no buscan imponerse, sino sostener una atmósfera serena, elegante y muy habitable.
No hay gestos gratuitos. Todo está pensado para que el conjunto respire, fluya y mantenga una sensación de orden silencioso.
Buena parte de la fuerza del proyecto nace de la continuidad entre suelos, paredes, techos y piezas integradas. Los acabados de tono mineral generan un fondo homogéneo que da calma y permite leer la vivienda como un conjunto.
Esa continuidad no es neutra: tiene textura, profundidad y una vibración muy sutil que evita la frialdad.
El proyecto trabaja con líneas limpias, volúmenes rotundos y una composición muy ordenada. Muebles integrados, paños continuos, espejos a gran escala y divisiones de trazo claro construyen una arquitectura interior muy controlada.
La geometría no aparece como gesto formalista, sino como herramienta para ordenar y depurar.
La piedra, la madera, los acabados estucados y los tejidos naturales sostienen el carácter del proyecto. Hay una búsqueda evidente de tactilidad, pero sin exceso expresivo.
Especialmente en los baños y en algunas piezas singulares —lavabos pétreos, paramentos de fuerte veta, panelados escultóricos— la materia adquiere un papel central.
Los baños concentran algunos de los momentos materiales más intensos del proyecto. Uno de ellos trabaja con piedra gris continua y una atmósfera casi monolítica; otro se apoya en una pieza de mármol oscuro de veta marcada, suspendida en un espacio mucho más claro.
Ambos comparten una misma lógica: depuración formal, precisión en los detalles y protagonismo absoluto de la materia.
La iluminación está pensada para acompañar, no para dominar. Retroiluminaciones, líneas de luz, apliques suspendidos y puntos muy controlados construyen una atmósfera cálida y precisa.
La casa cambia de registro a lo largo del día sin perder coherencia. Siempre mantiene una sensación de calma y de densidad amable.
Aunque el proyecto transmite suavidad, no cae en lo blando ni en lo complaciente. La elección del mobiliario, las proporciones y ciertos planos con más carga plástica evitan que la casa se vuelva genérica.
La serenidad aquí está sostenida por decisión, no por ausencia de criterio
El vestidor combina estructura metálica, madera cálida, iluminación integrada y una composición muy abierta. Es una pieza funcional, pero tratada con la misma atención espacial que el resto de la vivienda.
Aquí la organización se convierte también en experiencia visual.
Una vivienda construida desde el contraste, la presencia y una puesta en escena muy controlada.
Este proyecto parte de una base muy depurada para introducir un lenguaje más gráfico y rotundo. Blancos continuos, volúmenes limpios y líneas muy claras conviven con negros profundos, piezas de fuerte presencia plástica, acentos dorados y una selección de mobiliario que sostiene el carácter del conjunto sin caer en la saturación.
La intervención no busca calmar el espacio, sino tensarlo con precisión. Crear una atmósfera contenida, pero con suficiente intensidad visual para que cada estancia tenga peso propio.
Aquí la identidad no aparece por acumulación, sino por contraste.
Lejos de utilizarse como acento puntual, el negro organiza buena parte del proyecto. Aparece en paños completos, muebles integrados, carpinterías, luminarias, obras y piezas de apoyo, construyendo una base de profundidad y presencia.
No oscurece la vivienda; la articula.
El metal dorado introduce brillo, reflejo y un punto de tensión cálida dentro de una composición muy dominada por blancos y negros.


Una vivienda ligera y precisa, atravesada por piezas que convierten lo cotidiano en un pequeño escenario.
Este proyecto trabaja desde una base muy clara: pocos materiales, mucha luz, continuidad visual y una envolvente blanca capaz de amplificar el espacio. Sobre esa base aparecen elementos singulares —puertas grabadas en relieve, un mueble suspendido y translúcido, detalles dorados, una calavera facetada o un baño tratado casi como joya— que introducen identidad sin romper la sensación general de ligereza.
La casa no se apoya en la acumulación, sino en la aparición estratégica de piezas con capacidad de transformar la lectura del conjunto.
Hay depuración, pero también ironía, relato y un punto de extrañeza controlada
El mueble divisorio entre cocina y salón organiza el espacio sin cerrarlo. Su ligereza visual, apoyada en vidrio y volúmenes flotantes, permite separar usos sin perder continuidad ni luz.
Aquí el proyecto demuestra una gran inteligencia espacial en pocos metros.
Uno de los gestos más singulares del proyecto es la incorporación de puertas y paneles grabados en relieve, con escenas y figuras que convierten elementos funcionales en episodios narrativos.
No se trata de decorar una superficie, sino de darle espesor simbólico y presencia silenciosa.
Una vivienda muy depurada donde la blancura del espacio se activa con piezas negras, acentos pop y una espacialidad vertical muy limpia.
Este proyecto parte de una condición espacial muy clara: doble altura, luz abundante, superficies blancas continuas y una arquitectura interior que favorece la lectura del vacío. Sobre ese fondo casi abstracto aparecen muebles negros y crema, piezas escultóricas, arte con un punto irónico, una gran consola lacada en naranja y algunos detalles dorados que introducen energía sin desordenar el conjunto.
Aquí la identidad se construye desde el contraste entre calma espacial y gesto pop.
El resultado es una vivienda luminosa, precisa y contemporánea, con una personalidad más libre y más expresiva de lo que una primera lectura podría sugerir.
La consola lacada en naranja, la obra intervenida de gran formato y ciertos objetos decorativos introducen una dimensión más lúdica y más inesperada.
Estos gestos son esenciales porque evitan que el proyecto se vuelva excesivamente correcto. Le dan identidad y un punto de irreverencia controlada.
La escalera blanca, las barandillas de vidrio y los dobles espacios hacen que la vivienda se lea tanto en planta como en sección. Hay una sensación clara de ligereza estructural y de continuidad entre niveles.
La casa no solo se recorre: también se percibe en altura.
En un contexto muy limpio, la textura cobra mucha importancia. Bouclés oscuros, tapicerías suaves, alfombras gruesas y piezas de acabado brillante o pulido introducen una riqueza táctil que compensa la abstracción arquitectónica.
Ahí está buena parte del confort real del proyecto.


Una arquitectura interior construida desde la continuidad material, la precisión técnica y una geometría de fuerte carácter escultórico.
Este proyecto no se plantea como una cocina en sentido convencional, sino como una experiencia espacial total. La madera envuelve suelo, paredes, techo, puertas y piezas integradas hasta construir una atmósfera compacta, inmersiva y casi monolítica. Sobre esa masa continua aparecen dos contrapuntos decisivos: el blanco afilado de la isla y el negro técnico de la escalera, la caja superior y las zonas de sombra.
La intervención trabaja desde el control absoluto de la envolvente, pero también desde la tensión entre calidez material y lenguaje casi industrial. El resultado es un espacio denso, preciso y memorable, donde arquitectura, objeto y uso quedan fundidos en una sola pieza.
La madera no se utiliza aquí como revestimiento decorativo, sino como materia estructurante del espacio. Cubre suelo, paredes, techo, puertas ocultas y mobiliario integrado hasta producir una lectura monolítica y muy controlada.
Esa continuidad es la base emocional del proyecto.
La isla blanca facetada rompe la densidad ortogonal del conjunto con una presencia casi escultórica. Su geometría afilada y su aislamiento dentro del espacio le otorgan un papel central, no solo funcional sino también visual.
Es la pieza que condensa la identidad del proyecto.
La escalera, la planta superior y algunos planos de sombra trabajan desde un negro profundo, casi industrial. Este registro aporta contraste, dramatismo y un cambio de tono que evita que la calidez de la madera derive en comodidad excesiva.
La tensión del proyecto nace en buena parte de ahí.
El suelo de vidrio y la organización en doble altura hacen que el espacio se lea tanto en planta como en sección. Hay una conciencia clara de la verticalidad, del hueco y de la relación entre niveles.
Eso eleva el proyecto por encima de una simple organización funcional.
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