Una vivienda muy depurada donde la blancura del espacio se activa con piezas negras, acentos pop y una espacialidad vertical muy limpia.
Este proyecto parte de una condición espacial muy clara: doble altura, luz abundante, superficies blancas continuas y una arquitectura interior que favorece la lectura del vacío. Sobre ese fondo casi abstracto aparecen muebles negros y crema, piezas escultóricas, arte con un punto irónico, una gran consola lacada en naranja y algunos detalles dorados que introducen energía sin desordenar el conjunto.
Aquí la identidad se construye desde el contraste entre calma espacial y gesto pop.
El resultado es una vivienda luminosa, precisa y contemporánea, con una personalidad más libre y más expresiva de lo que una primera lectura podría sugerir.
01. Acentos pop muy medidos
La consola lacada en naranja, la obra intervenida de gran formato y ciertos objetos decorativos introducen una dimensión más lúdica y más inesperada.
Estos gestos son esenciales porque evitan que el proyecto se vuelva excesivamente correcto. Le dan identidad y un punto de irreverencia controlada.
02. Espacialidad vertical y transparencia
La escalera blanca, las barandillas de vidrio y los dobles espacios hacen que la vivienda se lea tanto en planta como en sección. Hay una sensación clara de ligereza estructural y de continuidad entre niveles.
La casa no solo se recorre: también se percibe en altura.
03. Textura frente a superficie lisa
En un contexto muy limpio, la textura cobra mucha importancia. Bouclés oscuros, tapicerías suaves, alfombras gruesas y piezas de acabado brillante o pulido introducen una riqueza táctil que compensa la abstracción arquitectónica.
Ahí está buena parte del confort real del proyecto.